A LA CIUDAD DE SEVILLA
En tus andares, amada mía,
siento que la vida transcurre,
unos momentos mágicos
que me elevan
y detienen mi tiempo
para observarte mejor.
Y siento tu palpitar,
ese corazón que no descansa
ni se rinde,
que vuelve a comenzar
con cada amanecer.
Y piso tus adoquines,
penetrando en tus entrañas
con el único propósito
de admirarlas.
Y sonrío, cuando tu fina lluvia
resbala por mis mejillas,
acariciando mi pelo
haciéndome sentir que te pertenezco.
Hoy, no me despido de ti
pues sé que volveré a verte,
mientras tanto me ahogaré
en la nostalgia de unos días
de coplas, de aromas, de voces...
Y teñiré de albero mis sueños.



